domingo, 10 de noviembre de 2013

La reforma educativa: Felipe Alvarado

Por Eliana Alvarado
Cuando le tocó el momento de elegir una carrera profesional no había muchas opciones, sin embargo tuvo la suerte de que existiera la que satisfacía su verdadera vocación: la de ser maestro.

Se trata de Felipe Martín Alvarado Tapia, quien ha pasado gran parte de su vida en un aula haciendo lo que más le gusta, enseñar, sin mencionar además las largas jornadas de preparación de clases, calificación de exámenes, entre muchas otras labores que la docencia demanda fuera del horario escolar.

Antes, la educación media superior no era obligatoria ni indispensable para ingresar a la Escuela Normal, por lo que sólo estudió un año de preparatoria y después decidió formarse para ser profesor, lo cual logró a los 18 años de edad.

Ahora, a más de tres décadas de haber ejercido en instituciones públicas, Martín Alvarado, ya como jubilado, continúa con este trabajo en un colegio privado. Y es que la economía cada vez es menos favorable para cualquier mexicano, los empleos son más absorbentes y los sueldos siguen siendo los mismos.

Sin embargo, reconoce que el haber tenido estabilidad laboral a lo largo de su trayectoria le permitió realizar mejor su trabajo.

“Tienes la oportunidad de planear tu futuro, sin la preocupación de que en cualquier momento lo puedas perder. La seguridad del empleo es una de las principales garantías que daba el Sindicato, y ahora parece que ya no va a ser así.

“Obviamente sí influye”, asegura, “porque no estás preocupado por quedarte sin trabajo el día de mañana, pienso que hay otras formas de incentivar al maestro, más que amenazarlo”.

Su opinión sobre la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto no dista mucho de la protesta generalizada de los profesores del país: no es otra cosa que una reforma laboral disfrazada y vendida como el gran remedio a los problemas de la educación en México.

“Es un golpe al magisterio, por parte de los dirigentes (del Sindicato) es la peor traición que se ha visto; en los 30 años que estuve ahí nunca vi una traición tan grande como ésta, al haber avalado algo que a todas luces es agresivo al magisterio, que rompe con la mística del trabajo, con los esquemas del Sindicato, con la seguridad del empleo”, asevera.

Incluso, señala, en los tiempos en que Elba Esther Gordillo fungió como líder nacional de los maestros, aunque la corrupción era un secreto a voces no se dio un retroceso tan grande en la educación, como se vislumbra para los próximos años.


Con la reforma, explica Alvarado Tapia, el profesor no es más que un ente administrativo, y el Sindicato un sirviente y subalterno del gobierno, por lo que el futuro de la niñez mexicana es bastante incierto.

“Se habla de mejorar las condiciones de las escuelas, pero no se dice cómo, hay muchas carencias, aquí en Sonora no se siente así tanto como en el sur del país, donde las condiciones son precarias y hasta las mínimas necesidades no se ven satisfechas, en Sonora más o menos la libramos, cuando menos con las cuestiones de infraestructura, son muy diferentes a las del sur del país como Oaxaca o Guerrero”.

Ante semejante incertidumbre, ¿qué es lo que mantiene a un maestro al frente de un grupo? Sin duda el primer factor es la necesidad económica, pero además de ello, para muchos profesores, como Martín Alvarado, no hay mayor recompensa que el sentir que han cumplido con su trabajo.

“Lo más bonito es el contacto con los alumnos, que te reconozcan después de muchos años y te saluden. La otra es que cada ciclo escolar es algo nuevo, es un capítulo nuevo, de tal manera que nunca terminas de aprender, siempre estás aprendiendo algo nuevo”.

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